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viernes, 31 de octubre de 2014

La catrina

La parca estaba enojada
Por tantas críticas, golpes y memes
Y dijo muy enchildada
¡Voy por José Luís Hernández Jiménez!
Pero la calaca en vez de llevarse
A este genial articulista
Se quedó leyendo Óptica ciudadana, en Teotihuacan en línea

La catrina


Teotihuacan en línea. Artículo de José Luís Hernández Jiménez. Es un esqueleto o calavera, con un sombrero estilo francés de principios del siglo pasado, y adornado con plumas de pavo real. Fue creada en 1910, por el grabador, caricaturista y litografista, José Guadalupe Posada Aguilar (Aguascalientes 2 de febrero de 1852 al 20 de enero de 1913, en la ciudad de México), quien la nombró “La Calavera Garbancera”, como una forma de criticar a aquellos mexicanos que admiran prioritariamente lo extranjero sobre lo nacional.
Años después, el muralista Diego Rivera la incluyó en su obra “Sueño de una tarde en la Alameda” (hoy, tal obra se puede admirar en su museo, a un lado de la  Plaza de la Solidaridad, a un costado de la Alameda Central de la capital de la República) aunque arropándola con elegante vestido de la época, cambiándole el nombre por el de “La Catrina” - cuyo significado es parecido al original - del brazo del propio Posada, quien aparece elegantemente vestido, y con el “hijo” de ambos a su lado izquierdo…¡el propio Rivera de adolescente!
Hoy “La Catrina”, sin su estorboso significado original, pues todos, ricos y pobres, la admiran, forma parte de la tradición nacional, misma que se recuerda anualmente, cuando en México se conmemora a los muertos, el 1 y el 2 de noviembre.
Dicha imagen también refleja una rara contradicción: le tememos a la muerte pero la festejamos. Nadie se quiere morir pero rendimos culto a la muerte. Todo lo que hacemos es para preservar la vida pero, al símbolo de la muerte, nos lo comemos hasta hecha de azúcar o de chocolate. Sufrimos cuando muere un ser cercano, pero festejamos el “Día de los Muertos”. Nos escandalizamos con las matanzas de Tlatelolco, de Aguas Blancas, de las muertas de Juárez, Tlatlaya, de Iguala o los feminicidios del Estado de México, pero corremos a vacacionar o a divertirnos, con motivo del “Día de los Muertos”. Queremos pero no…o al revés volteado.
El contraste de nuestra actitud hacia la vida y hacia la muerte, no debiera ser tan grande. Después de todo, ambas van juntas acompañándonos, siempre. Quien nace es porque va a morir…algún día y en cualquier momento. Quien muere es porque vivió. Así de sencillo.
Pero tantos mueren y…no nos acostumbramos. En nuestro país, por diferentes causas,  fallecen unas 300 mil personas cada año. La mayoría gracias a la diabetes; otros por enfermedades relacionadas con fallas en el corazón y en el cerebro; otros por accidentes; otros mas por homicidios; no son pocos los que se suicidan, muchos de estos, jóvenes.
Pero la causa o motivo es lo de menos. Lo de más, es que de todos modos, algún día vamos a dejar de existir. Hasta yo, que soy el hijo consentido de Dios, me voy a morir llegado el momento y…      

Y aún así nuestros muertos son pocos. Si nos comparamos con el resto de los países del planeta, el nuestro cuenta con una de las tasas de mortalidad anuales, más bajas del orbe. En Sudáfrica mueren 17 personas por cada mil; en Rusia, 16; en Ucrania, 15; en Alemania, 11; en Dinamarca, 10; en Uruguay, 9; lo mismo que en Noruega; en Suiza, mueren 8 personas de cada mil, igual que en Estados Unidos y en Haití; en Cuba 7, lo mismo que en China; en Perú 6; en Venezuela 5.5 y en México, 5 por cada mil. No está mal. En este aspecto, en el mundo ocupamos el sitio número 187.
Uno quisiera que nadie muriera pero…¡oh, ley de la vida…y de la muerte!
Al menos deberíamos tener un único consuelo: la muerte es democrática. O, como lo dijo el propio autor de la “Calavera Garbancera”, hoy conocida como “La Catrina”, don José Guadalupe Posada Aguilar: “La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica, pobre, toda la gente acaba siendo calavera”. O ¿cómo ven, estimados lectores?
Notitas: Una.- Que el problema no es que don Peje aparezca en foto con el Abarca aquel, el ex Presidente Municipal de Iguala, y la Pineda, ex Primera dama del mismo Ayuntamiento, autores intelectuales – eso dice la PGR –, de la brutal represión a estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, aún prófugos, sino que en pleno zócalo capitalino, el 26 de octubre pasado, haya gritado que nunca los ha visto y que haya negado conocer la negra trayectoria del ex alcalde, cuando uno de los suyos (que ya no lo es) informó que en propia mano le entregó un expediente completo del caso. Dos.- Que “¿cuál es la prisa?” parecen decir los dirigentes de la Asamblea General del Politécnico, cuando se les recuerda que 177 mil estudiantes están a unos días de perder el semestre, a causa del paro que han organizado, no obstante que las autoridades a todo les han dicho que sí. Tres.- Que, como habrán notado, estimados lectores, sobreviví (con otros 200 participantes de varios Estados y de otras naciones) al Retiro anual de artes marciales chinas (Kung Fu, Chi Kung y Tai Chi Chuan, estilo Shaolín), del 23 al 26 de octubre pasado, con uno de mis maestros, el Si Fu Shi Yang Min. ¡Hasta medalla me dieron! Ha de ser porque aguanté todos los malabares, ¡uf!, a pesar de ser un anciano decrépito de la quinta edad. Cuatro.- Que ya es hora de que se animen a tirar la polilla, practicando auque sea Tai Chi. Los lunes, de 17 a 18 horas, en Acuario 5, colonia Prado, en Iztapalapa, DF. No esperen a que todo les duela o se les desborde, porque…

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