jueves, 11 de agosto de 2016

En Voz Alta

Símbolo de esperanza


Teotihuacán en Línea. Por: Gerardo Vitoria. Durante algunos días, como un bálsamo que pueda aliviar las heridas de la humanidad, los Juegos de la XXXI Olimpiada, dieron inicio el pasado viernes 5.
Doscientos seis países involucrados y cerca de 11 mil atletas, se han dado cita en Brasil.
El escenario de apertura se realizó en el mítico estadio Maracaná.
Como cada cuatro años, los Juegos Olímpicos nos confieren historias de superación y de triunfo sobre la adversidad.
En la actualidad una de ellas es la ROSE NATHIKE LOKONYEN, una corredora de 23 años de Sudán del Sur, quien fue la abanderada del primer Equipo de Atletas Refugiados en la historia, en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos 2016.
ROSE tenía 8 años cuando escapó de la guerra y encontró seguridad en el remoto campamento de refugiados de Kakuma, en el norte de Kenia, donde ha vivido desde entonces.
Para ella y para sus compañeros de equipo, la posibilidad de participar en los Juegos Olímpicos, el pináculo del logro deportivo, era un sueño muy distante e improbable.
Otro tributo al coraje y la perseverancia, es el de YUSRA MARDINI de Siria.
En razón de la violencia que se vive en su país, la cual afectaba su entrenamiento como nadadora, y aminoraba su probabilidad de llegar a competir en estos Juegos Olímpicos, YUSRA salió de Siria, pasó por el Líbano y Turquía para intentar llegar a Grecia.
En la travesía, en el bote inflable en que viajaba MARDINI y otras 20 personas más, zozobró.
No obstante, la experiencia y la condición de la nadadora hicieron que entre ella y otras personas impulsaran la lancha para llevarla a la orilla de la isla de Lesbos, Grecia.
Después de convertirse en héroe, la joven y bella nadadora YUSRA, siguió su recorrido hacía Berlín, Alemania; cruzó las fronteras de Macedonia, Serbia, Hungría y Austria para llegar a su destino. Allí encontró refugio y apoyo para poder entrenar y luchar por un lugar para Río 2016.
Gracias al amparo y patrocinio de los alemanes, la nadadora de Siria pudo llegar a Brasil para participar en los Juegos Olímpicos. No representará a su país, pero forma parte de la delegación de refugiados.
En la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, estos deportistas refugiados, sin duda marcaron tema.
Como muestra de admiración, estima y adhesión, recibieron por parte de los asistentes la ovación más grande de la noche.
Por la crisis migratoria en Europa, el 2 de marzo de este año, el Comité Olímpico Internacional (COI), facultó que algunos atletas, verificados como refugiados por la ONU, competieran como independientes, unidos bajo la bandera olímpica.
Identificados con el código ROT, son una de las delegaciones que, por vez primera, participa en los Juegos Olímpicos.
Elegidos entre un total de 43 refugiados, diez de esos deportistas, que como declaró en una entrevista YUSRA: “No hablamos el mismo idioma y somos de diferentes países, pero la bandera Olímpica nos une a todos y ahora estamos representando a 60 millones de personas alrededor del mundo”.
El presidente del COI, THOMAS BACH, señaló: “Estos atletas dan el ejemplo de coexistencia pacífica en el mundo entero. Ellos son ejemplo de que es posible participar en competencias y al mismo tiempo vivir juntos en paz. Este es el verdadero espíritu de la unidad Olímpica y la diversidad”.
“Sin la asistencia de la Agencia de la ONU para los Refugiados, (ACNUR) no hubiera sido posible seleccionar, entrenar y hacer que viajaran estos jóvenes para estar aquí”.
Un día antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos, recibieron la visita del Secretario General de Naciones Unidas BAN KI-MOON, quien les deseó lo mejor y les dijo que estaban haciendo historia para todos los refugiados alrededor del mundo.
En un mensaje de apoyo, el Papa FRANCISCO, escribió: “Quiero hacerles llegar mi saludo y mi deseo de éxito en estas Olimpiadas. Que el coraje y la valentía que llevan dentro pueda expresar, a través de los Juegos Olímpicos, un grito de fraternidad y de paz. Que, a través de ustedes, la humanidad comprenda que la paz es posible, que con la paz todo se gana; en cambio con la guerra se pierde todo”.
En este contexto, podemos afirmar que éste equipo de diez jóvenes deportistas, hombres y mujeres, que huyeron de sus países en busca de protección, son símbolo de esperanza y personifican un clamor de paz