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Si usamos cubrebocas, mantenemos una sana distancia y nos lavamos las manos, podemos cortar en mucho la cadena de transmisión.

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jueves, 30 de enero de 2014

In Memoriam

In Memoriam


Teotihuacan en línea. Artículo de José Luís Hernández Jiménez. El recuerdo de tres conocidos ; Pacheco, Kuy y Pauwels - fallecidos este Enero, me provoca un destello de resignación: al menos murieron haciendo lo que les gustaba:
Uno. Aquella ocasión (abril de 1984), arribamos a la entrevista que nos había concedido. “Me dijo que fuéramos puntuales”, susurró Norma. Ambos golpeamos con los nudillos, la puerta de madera de aquella oficina ubicada debajo del Castillo de Chapultepec. Cuando escuchamos un “¡Adelante!”, entramos con dificultad. El espacio estaba saturado, hasta en el suelo, de libros por todas partes. Y don José Emilio Pacheco (JEP), que se encontraba sentado ante un escritorio, mirándonos a través de sus lentes de cuello de botella, insistió: “¡pasen!”.
“Le traemos el texto que se va a publicar con las firmas de mucha gente que nos apoya para que se nos otorgue el registro electoral del PMT. Ojala usted también lo firme”. Le explicamos“. Amable tomó el fólder en el que iba el escrito, diciendo: “¿Es el de Heberto (Castillo), verdad? ¿Por supuesto que firmo”. Y firmó. Enseguida preguntó: “¿Ya vieron a Cristina (Pacheco)? Ella también firma”. Luego de un breve intercambio de frases, nos despedimos. “¡Salúdenme a Heberto!”, dijo.
Cuando se publicó dicho texto en forma de desplegado periodístico (en la Revista Proceso y en El Universal), la firma de JEP, como la de decenas de intelectuales reconocidos en México y más allá, adornó y dio fuerza y prestigio a la petición.
Dos o tres veces, de entonces a estos tiempos, siguiendo su brillante trayectoria literaria, ensayos, poemas, prosa, historia, periodismo, su “Inventario”, pude saludarlo en eventos académicos.
Y el domingo 26 de enero pasado, a los 74 años, murió de una hemorragia en el cerebro, provocada por un golpe en la cabeza, que él mismo se dio, al parecer, al tropezar y caer sobre su propio escritorio. Su herencia al mundo literario, es inmensa. Por ejemplo, su poema, el que
canta Oscar Chávez, Alta Traición: ”…mi patria…pero, aunque suene mal, daría la vida, por diez lugares suyos, cierta gente, puertos, bosques de pinos, fortalezas, una ciudad deshecha, gris, monstruosa, varias figuras de su historia, montañas y tres o cuatro ríos”.
Dos. De trato amable, aún en la adversidad, era Juan Francisco Kuykendall Leal (1945-2014). Y aún en la adversidad, hacía teatro, pues era actor y director, apasionado como pocos, en el ramo. Cuando le empecé a tratar, en 1980, ocupaba el cargo de Secretario de Relaciones Culturales del Comité del DF, del desaparecido Partido Mexicano de los Trabajadores (uno de los afluentes del PMS que después lo fue del PRD). Hubo elecciones y en ese cargo fue sustituido por el maestro Jorge Villamil Rivas. Entonces Kuykendall, (o simplemente Kuy, para los cuates), se dedicó de lleno a su pasión. Llegó a trabajar con Felipe Santander en “El Extensionista”, una obra teatral que luego fue llevada al cine.
Después formó El Mitote, su compañía teatral, con la que montó decenas de obras de todo tipo (hasta pastorelas), y muy combativas. “Esperando al Zurdo”, fue de las mas conocidas, porque generalmente era solicitada para presentarla en huelgas, en aquéllos tiempos idos, heroicos, cuando había Partidos que defendían obreros y, quizá por ello, cuando había huelgas.
En agosto de 1994, en la Convención Nacional Revolucionaría, organizada por el EZLN, en “Aguascalientes”, en la selva Lacandona, en Chiapas, nos volvimos a topar. Por cierto, la noche de la apertura del evento, dormidos ya, pues con otros compartíamos cabaña, cayó un verdadero diluvio. Y nuestro “techo”, de hule, con el peso del agua acumulada, cayó sobre todos nosotros. Con su amabilidad acostumbrada, empapado como todos, guió la reconstrucción de la tal cabaña, en pleno lodo. Y…
Por esos azahares del destino, el 30 de noviembre de 2012. Kuy me mensajeó: “Buen texto José Luís (se refería a uno de mis artículos), pero no olvides que la lucha es anti sistémica y desde abajo, por el medio que se pueda”. Intercambiamos más frases. Me envió un dicho de las comunidades indígenas alusivo a la lucha armada. Le contesté con una frase de Gandhi, alusiva a la lucha pacífica. Empatados. “¡Mañana sábado nos vemos, me dijo, en la manifestación contra Peña Nieto y contra el regreso del PRI!”. “Cuídate Kuy, sé cauto. No puedo ir porque debo dar una clase”, le contesté.
A la mañana siguiente, en las redes sociales, el Kuy apareció en una foto, caído, sin una parte de su cráneo, sangrando, desmayado. Arribando a la manifestación citada, un explosivo le dio en la cabeza. Nunca se recuperó. Murió la madrugada del sábado 25 de enero pasado. El domingo yacía en su féretro y, sobre el mismo, algunos de sus aditamentos personales de su pasión, el teatro.
Tres.- Emiel Pauwels, un belga bien belga, no solo porque nació y vivió en Brujas, Bélgica, sino porque durante toda su vida, de atleta de alto rendimiento, fue una verdadera y permanente carrera, participó en ¡más de mil carreras!, de todo tipo, y en diversos lugares del mundo, murió por voluntad propia. Y sí, su pasión, desde que cumplió 14 años de edad, era correr.
Gozaba rompiendo sus propios límites, una y otra vez. Cosechó medallas, “más de mil”, presumía.
Todavía, a mediados del año pasado, ganó medalla de oro en su rama, en el Campeonato Mundial, celebrado en Brasil. Emiel acababa de cumplir 95 años de edad. 
Pero en noviembre pasado, luego de un malestar estomacal, fue hospitalizado. Le dijeron que tenía cáncer, aunque le aclararon que había remedio, pues le fue detectado a tiempo. Pauwels hizo preguntas. ¿Cuándo podría volver a correr? “No antes de 20 días, que son los que requiere estar en el hospital”, le dijeron. No le gustó el dato. “¿Tanto tiempo sin correr?”, se preguntó a si mismo. Reflexionó. Y tomó una decisión.
El 6 de enero invitó a familiares y amigos, a una fiesta, en su casa, “para una travesura más”, les dijo. Brindaron con champán. Se tomaron fotos. Luego él ordenó organizaran una “Mesa de Café”. Se sorprendieron. En ese país, una Mesa de Café es el equivalente a nuestros velorios. Empezaron las preguntas y los sollozos... ”¡No lloréis por mí!”, les dijo riendo. “¡Sed felices como yo!”. “Los que quiero están hoy aquí, por mí. Por eso soy feliz. Ha sido la mejor fiesta de mi vida.” Y volvió a brindar.
Luego hizo una llamada, indicando que estaba listo. Que solo lo dejaron dormir un rato. Al otro día llegaron con la inyección letal. Y se la aplicaron. Resultó que días antes, había hecho todos los trámites para realizarse la eutanasia o sea, la muerte sin padecimiento físico, autorizada por uno mismo (Bélgica es uno de los cuatro países de Europa, en los que la eutanasia, es legal). Fue el martes 7 de Enero pasado.
¿Qué les parece, estimados lectores?
Una mera coincidencia de los tres decesos citados es que los tres murieron haciendo lo que les gustaba. Vaya el recuento, In Mmoriam.                 .          
Notitas: Una.- Que el dato es escalofriante: en México, cada día ocurren ¡8 secuestros! ¿Tendrían idea, los secuestradores, del daño enorme que hacen, a sus víctimas, a las familias de éstas, a la sociedad? Dos.- Ya hay un Zar anti secuestros. Qué bien, porque lo haya y porque el titular es quien es, un personaje prestigioso en su rama, Renato Sales Heredia. ¡Si tan solo controlaran las cárceles del DF, que es de donde, en su mayoría, salen las órdenes, para extorsionar desde teléfonos celulares, cuyo uso ahí, se supone, está prohibido!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Felicidades José Luís
nunca me pierdo la oportunidad de leerlo.Esta nota fue muy conmovedora

Jasmyn Torres