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miércoles, 12 de enero de 2022

El Samurai que luchó en las tropas de Pancho Villa


El Samurai que luchó en las tropas de Pancho Villa

Edomex en Línea/Teotihuacán en Línea. Redacción. La historia de México es el resultado de la fusión de distintos pueblos y personajes que, sin importar su origen, dejaron una huella para hacer de nuestro país una gran nación.

Uno de estos personajes es Kingo Nonaka: El Samurái de la Revolución Mexicana.

Una de las preocupaciones en México a partir del Siglo XIX, fue la escasa población en algunas regiones del país, por lo que, a través de una petición a diversas naciones del mundo, México dio libre paso a la migración extranjera. De aquella invitación, se recibieron respuestas positivas de Japón y China.

El 16 de diciembre de 1883 con la Ley de Colonización y Deslinde de Terrenos Baldíos, México dio oportunidad a colonos nacionales y extranjeros para establecerse claramente con derechos y obligaciones en terrenos que no estaban ocupados por el Gobierno Federal.

En 1888, México fue el primer país de occidente en firmar un tratado con Japón, permitiendo el ingreso de una gran cantidad de asiáticos que de inmediato se integraron como trabajadores en la industria minera, construcción, ferrocarril y la agricultura.

Entre ellos se encontraba Kingo Nonaka, quien cambió su destino como campesino y buscador de perlas en Japón por un nuevo futuro en México.

Kingo dejó su país natal junto con su hermano y un tío para embarcarse a México haciendo escala en Hawai y llegando por mar a Salina Cruz, Oaxaca.

La razón de este viaje no era buscar aventuras, sino la necesidad económica, pues debido al desmedido crecimiento de la población en 1872, Japón tenía 30 millones de habitantes en un país cuya extensión territorial es cinco veces menor a la de México.

Kingo Nonaka llegó a tierras mexicanas a los 17 años de edad, viviendo primeramente en una plantación de café en Chiapas. Siguió las vías del tren para intentar emigrar a los Estados Unidos, pero su travesía terminó en Ciudad Juárez, Chihuahua donde fue adoptado por una mujer de nombre Viviana Cardón que lo mantuvo, le dio educación y lo bautizó con el nombre de José Genaro.


Gracias a la familia Cardón, Nonaka aprendió enfermería en un hospital cercano y adquirió una licencia para trabajar en el país. Inicialmente se desempeñó como barrendero en el hospital y sin recibir ayuda fue aprendiendo por sí mismo la labor de médicos y enfermeras.

De un momento a otro comenzó a tratar a los pacientes de manera tan profesional y efectiva como cualquier médico, por lo que los administradores del hospital decidieron promoverlo enfermero.

Con Francisco I Madero

En marzo de 1911 cuando su vida cambiaría al tomar unas vacaciones en Casas-Grandes, muy cerca de donde el líder revolucionario Francisco I. Madero pensaba librar un ataque contra el coronel Agustín Valdés.

En la batalla, los revolucionarios tuvieron que replegarse al oeste y al sur, en el ataque Madero resultó herido de un brazo, se buscó inmediatamente quién pudiera atenderlo y debido a que ya para entonces Nonaka había adquirido una excelente fama como enfermero, fue llamado para curar la herida de Madero.

Nonaka no tenía idea de quién era este hombre, pero al curar la herida, charlaron del porqué de la guerra. Madero le dijo que la lucha era para crear un mejor país, libre de tiranos y corruptos, que esto era necesario y sano pues de tiempo en tiempo, para que la justicia pudiera florecer, era necesario “podar” el árbol nacional a base de cualquier sacrificio.

 

El japonés quedó tan impresionado con las palabras de Madero que se unió como enfermero en la sección de sanidad del grupo maderista.

Solo hasta mucho tiempo después, Nonaka supo a quién la había curado la herida. Cuando Madero fue asesinado, Nonaka sintió como si hubiese perdido a un miembro de su propia familia y buscando de alguna manera hacer justicia siguió su lucha revolucionaria.

Francisco Villa

Desde 1913 hasta1916, Nonaka participó en el batallón de salud al lado del General Francisco Villa, época en la cual recorrió el país luchando al lado del Centauro del Norte.

Existen fotografías en poder del hijo de Nonaka, donde se ve a Pancho Villa a todo galope, pero muy de cerca, en una carreta pequeña, el valeroso enfermero japonés, ambos dirigiéndose rumbo a un destino desconocido. Nonaka participó en 14 operaciones de combate durante la Revolución, dos con las fuerzas de Francisco I. Madero y doce con la División del Norte comandada por Pancho Villa.

Por su labor logró el rango de capitán en el Batallón de Sanidad de la División del Norte. Junto con Pancho Villa participó en las batallas de Chihuahua, Ojinaga, San Pedro de las Colonias, Paredón, Torreón y Zacatecas. Su última misión al mando del General Villa fue en marzo de 1916 cuando se quedó al cuidado de 64 villistas heridos en la iglesia del poblado de San Buenaventura tras la incursión a Columbus Nuevo México.

Por desgracia el párroco local los traicionó, informando a las tropas del General John Joseph "Black Jack" Pershing, que un grupo de villistas heridos se había refugiado en su iglesia, por lo que el General rápidamente desplazó dos mil soldados para capturar a 64 peligrosos villistas heridos.

Nonaka era el único de los Villistas que no se encontraba herido. Al percatarse de esto, logró alertar que habían sido traicionados y que pronto serían emboscados por una fuerza superior.

Como pudo, evacuó al mayor número de heridos, quedándose en la retaguardia para cubrir a lo que huían, incluso para ofrendar su vida para protegerlos si era necesario. Logró huir con otros 31 villistas los cuales describieron la escena “Como si una ola negra cubriera la pequeña iglesia”.

Pershing pudo arrestar a 33 villistas, los cuáles fueron internados en la cárcel de Nuevo México a los que les negó comida por más de tres semanas causando la muerte de cuatro de ellos por hambre. El cura que los traicionó huyó a los Estados Unidos con 10 mil pesos en monedas de oro que había recibido de Villa para el cuidado de los enfermos.

A pesar de su heroísmo, Nonaka sintió que había fallado al no poder proteger y salvar a todos los heridos, decidiendo por razones de honor dejar la Brigada Sanitaria de la División del Norte y regresando a Ciudad Juárez donde ingresó a laborar al hospital civil de aquella localidad.

En ese hospital conoció a la enfermera Petra García Ortega, ambos se enamorarían y contraerían matrimonio, fruto del mismo, tendrían cinco hijos: María, Uriel, Virginia, José y Genaro.

En 1919 dejaría el hospital y para 1921 junto con su familia se trasladaría a Baja California, más tarde a Mexicali y Ensenada, pero residiendo en Tijuana.

Con el fin definitivo del conflicto armado revolucionario en 1921, Nonaka ingresó a formar parte del cuerpo de policía de Tijuana donde se distinguió por su honradez, puntualidad y un celoso sentido de protección de la comunidad.

 

Tuvo también una respetable fama como fotógrafo aficionado, por lo que las autoridades de la dirección del gobierno de Tijuana lo contrataron para que tomara fotografías a los reos y presos que se localizaban en la cárcel pública, siendo así fundador del departamento de identificación de la comandancia de policía de Tijuana.

Con el fin de mejorar su condición como policía y fotógrafo, estudió por correspondencia un diplomado en fotografía dactiloscopia-criminología y grafología por el Instituto de Ciencia de Chicago-Illinois del que se graduó en 1933.

Nonaka se dedicó en sus tiempos libres a retratar la Tijuana de los años 20 y principios de los años 40, dejando un legado histórico que revela las imágenes de una ciudad alejada del turismo y enfocada a la vida cotidiana de eventos culturales, cívicos y deportivos.

Nonaka tuvo un gran acervo fotográfico y donó más de 300 fotografías al archivo histórico y la sociedad histórica de Tijuana.

Con el ingreso de México a la Segunda Guerra Mundial, Nonaka y otros mexicanos japonés que residían en el noroeste de México fueron forzados a cambiarse a la Ciudad de México por órdenes el entonces Presidente Lázaro Cárdenas que a su vez recibía “Sugerencias” tácticas militares de Estados Unidos.

Fundó el Instituto Nacional de Cardiología

Como era ya característico de Nonaka, no se podía quedar sin hacer nada, así que se unió a Ignacio Chávez y a un grupo de ciudadanos fundando el Instituto Nacional de Cardiología, aunque esto último pocos lo saben.

El reconocimiento público para este héroe revolucionario tardó en llegar, pero llegó. El 20 de agosto de 1963 el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz lo reconoció como veterano de la Revolución Mexicana y le otorgó la condecoración al mérito revolucionario, así como una-pensión vitalicia. El 8 de octubre de 1977, el Samurái Mexicano falleció a los 88 años de edad

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que buena relato eso es historia felicito a esta página por sus contribuciones culturales

Anónimo dijo...

Ya salió el peine de porque hay mucho oaxaqueño tipo oriental